sábado, 18 de febrero de 2012

Renacimiento



Han hablado de mí como una persona con trastorno bipolar. No creo que sea verdad, tampoco mentira, pero supongo que va más allá.
¡Estoy tan inconforme con la vida!
Creo que el vivir no tendría que ser impuesto a las espaldas frágiles, me considero una de todas maneras. Una profesora me dijo que las personas que desde niños tenían que aprender a hacerle frente a los dolores eran quienes, cuando grandes, se encargaban de formar el buen futuro de la sociedad. A veces no le creo.
Últimamente he perdido mis ganas de salir adelante; he bajado de peso. En diciembre pesaba 53 kilos, ahora apenas alcanzo los 47. Ya no siento deseos de comer, no me produce placer. El doctor dijo que tal vez tenía una depresión. He vivido cosas realmente difíciles en estos últimos meses, quizá podríamos encontrar ahí la causa a mi poco frenesí, pero realmente me siento muy incómoda con esto de tener que ponerme en pie cada mañana.
La otra semana fui al psicólogo. Ella no me gustó, es de las chicas que caían mal de presencia y sinceramente, muy poca gente me cae realmente bien, quiero decir, me guío por la atracción. Si me atrae, me acerco e intento adaptarme. Ella no me atrajo ni por un segundo.
Me molesta tener que hablarle a alguien más de mi vida privada porque nunca toco el tema. Intento ignorarla y hacer como si no me afectara. Es realmente molesto cuando alguien me lo pregunta, sobre todo si esa persona ya me ha contado su infancia y es hermosa. ¿Qué quiere que le diga? ¡Hey, la mía fue un desastre! No quiero inspirar pena, digo las cosas sin tapujos y fin.
Siguiendo con mi descontento, debo admitir que el suicidio es tema recurrente. Pero soy terriblemente cobarde, o sea, hay tantas cosas que todavía me dan algo de descanso: escritura, política, animales, y entonces no sé si estoy dispuesta a dejar un buen futuro para ser feliz eternamente. Ahora, ¿quién me asegura que el suicidio es una vía de escape que me hará dichosa? Son dudas muy continuas, me desesperan.
Me gustaría saberlo todo, me gustaría volver a nacer y tener pleno poder de decisión. Hay muchas leyendas sobre los lagos que cumplen deseos si lanzas una botella de cristal que dentro tenga un pergamino. Me gusta creer en eso, las mentiras a veces suenan mejor que la verdad y es triste, porque nada es real en este mundo. Las cosas son efímeras, mis momentos de esa sensación lejana a la felicidad -pero que deja un gusto parecido, una copia barata- son pocos, duran segundos, mi sonrisa se desvanece al tiempo porque las cargas pesan más.
Y me gustaría no tener que recordarlas, me gustaría sólo tener dentro de mi cabeza cuestiones que fuesen dulces al rememorarlas, me gustaría haber tenido una vida perfecta y sin sobresaltos pero simplemente no fue así. No será así.
Es gracioso tener que ocultar las cosas porque nunca he tenido a alguien con quien hablarlas, tampoco es que lo desee, quizá todo está mejor manteniéndolas dentro. 
Pero eso no quita mis deseos de volver a nacer.

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